Las torturas en las cárceles iraquís, la agresividad asociada al fútbol, el terrorismo suicida. Es difícil entender las motivaciones psicológicas de actos de violencia extrema como estos.
Sin embargo, la realidad virtual ofrece la inédita posibilidad de recrear estas situaciones en un laboratorio y observar de manera controlada las reacciones de las personas.
Esta opción se ha abierto gracias a un experimento llevado a cabo por un equipo del Laboratorio de Realidad Virtual de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC): el cuerpo, según demuestra un trabajo del investigador Mel Slater, reacciona en un ambiente virtual como si fuera real.

Slater ha reproducido en un entorno virtual un experimento que el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo en los años 60, hasta que las controversias éticas que desató hicieron que se interrumpiera. En el experimento, un voluntario (el maestro) formulaba unas preguntas de lógica a otro (el estudiante) y le suministraba una descarga eléctrica si este contestaba de forma errónea. Cada vez que el estudiante se equivocaba, un experimentador instaba al maestro a que subiera la intensidad de la descarga. Durante el experimento, la mayoría de los maestros llegaron a suministrar descargas potencialmente letales pese a los gritos y súplicas del estudiante. En realidad, este era un cómplice del experimentador y las descargas eran ficticias.
Obediencia Ciega
El objetivo no era estudiar el aprendizaje, sino averiguar a qué extremos se puede llegar por
obediencia ciega a una persona con autoridad, como era el experimentador para los voluntarios.
Según Milgram, sus observaciones podían explicar por qué individuos normales pueden participar en actos execrables, por ejemplo el exterminio judío, en una sociedad como la Alemania nazi.
El experimento se interrumpió porque era inaceptable engañar a los voluntarios respecto a sus
finalidades. "Sin embargo, no es necesario mentir", opina Slater, investigador ICREA en la UPC.
"Con nuestro experimento hemos averiguado que, aunque los participantes sepan que lo que les
envuelve es pura ilusión, sus reacciones instintivas son parecidas a las que tendrían en una
situación real", añade.
En el experimento, los voluntarios entran en una sala que reproduce el estudio de Milgram, con
un estudiante virtual proyectado en una pantalla. "Aunque sabían que era ficticio, seis
voluntarios rechazaron suministrarle descargas intensas, algunos intentaron ayudarle
repitiéndole las preguntas y otros llegaron a preguntar si se encontraba bien". Las variaciones
de frecuencia cardiaca y conductancia de la piel de los participantes confirman que el estrés y
la ansiedad padecidos son similares a los de una situación real. "No hace falta crear
personajes muy realistas. Con que tengan tamaño humano, miren directamente a los ojos y tengan un mínimo de expresión facial, el cerebro del voluntario genera una ilusión de realidad".